
Dormía, pero no sentía descanso real al despertar.
Mi mente seguía trabajando incluso fuera de la oficina.
Pensaba que esa presión era parte del liderazgo.
En el proceso aprendí a leer mis señales internas.
Poco a poco mejoró mi sueño y bajó la tensión corporal.
Hoy puedo sostener presión sin colapsar internamente.








